San Vicente de la Barquera

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San Vicente de la Barquera
17-07-2018

Actualidad

Pedro Sarabia asegura que San Vicente se encontraba en la región ‘más poblada de la Península’ cuando recibió su Fuero

 

El doctor en Prehistoria Pedro Miguel Sarabia Rogina dictó ayer en San Vicente de la Barquera la conferencia titulada La presencia humana en San Vicente de la Barquera y su territorio de influencia, desde la Prehistoria hasta el Fuero. Esta conferencia está comprendida dentro del ciclo programado por el Ayuntamiento para dar a conocer la historia de la villa, con motivo de la conmemoración del 800 aniversario de la concesión del Fuero, otorgado por el rey Alfonso VIII en 1210.

 

El ciclo elige cada vez un lugar diferente como escenario, en esta ocasión fue el salón de actos de la Biblioteca Municipal, que llenó su aforo.

 

Sarabia —autor de cientos de artículos relacionados con la historia de la región, donde ha participado en múltiples excavaciones—, realizó un recorrido histórico de San Vicente y su entorno, fiel al título de su conferencia, desde los orígenes de la presencia humana hasta el siglo XIII, cuando se convirtió en villa aforada.

 

El doctor en Prehistoria anticipó que se iba a tratar la evolución de la presencia humana durante más de 200.000 años, en una zona «bastante más amplia» que San Vicente y en un «lugar privilegiado», con un «puerto natural único», que convertía al primitivo asentamiento en «casi una isla» muy bien defendible, y desde la que se accedía a los valles de Liébana, Nansa y Cabuérniga.

 

La conferencia

 

En el Paleolítico Inferior encontramos yacimientos con más de 200.000 años de antigüedad, en las cuevas de Oyambre, Cúlebre, o El Linar, con grandes utensilios de piedra, bifaces y no muy especializados, de talleres montados en terrazas marinas. Los homos que los fabricaron eran nómadas, que practicaban la caza oportunista e incluso el carroñeo con animales muertos.

 

Entre el 100.000 y 40.000 adC, en la época correspondiente al Paleolítico Medio, la diferencia fundamental reside en las herramientas. Existen útiles para cortar maderas o trabajar las pieles que cubrían sus cuerpos, en lugares como Unquera, Oyambre, Merón o El Barcenal, donde la población va aumentando.

 

Con la aparición en la región del homo sapiens sapiens, en el Paleolítico Superior, hacia el 35.000 adC, la caza se vuelve especializada; si bien la diferencia fundamental es la aparición del arte, del que sólo ha llegado una mínima parte. En la cueva de la fuente del Salín, encontramos representaciones de manos, en positivo y negativo.

 

Hacia el año 6.000 adC la región registra un calentamiento gradual, y el desnivel de los acantilados, de más de 100 metros, se suaviza, adentrándose el mar tres kilómetros en la costa. Se continúa cazando, aunque no se recolecta, y aparecen los depósitos de conchas (concheros) en el litoral, como prueba de los moluscos consumidos.

 

La era del Neolítico, desde el 4.000 adC, corresponde con el inicio de la producción y el almacenamiento de excedentes. Aparecen poblados fortificados, para proteger las cosechas y el ganado. También se inician los enterramientos colectivos, como el megalítico del Cotero de la Mina, encontrado en 1981 en El Hortigal. La sociedad comienza a transformarse en más compleja y la calidad de vida aumenta.

 

Hacia el año 2000 adC da comienzo la Edad del Bronce, con la aparición en las excavaciones de hachas planas, pertenecientes a personas importantes, que se podían permitir ese lujo. Probablemente llegan del norte de Europa, en pequeñas cantidades, y sólo para quien pueda pagarlas. Así, el igualitarismo del Paleolítico desaparece, y los enterramientos significativos corresponden a personas importantes. En la Edad del Hierro llegan las hordas de Centroeuropa, con caballos y carros, y su costumbre de incinerar a los difuntos.

 

Cantabria es conquistada por los romanos aproximadamente en el año 19 adC. El emperador Augusto tarda 10 años en doblegar el único territorio de Iberia aún independiente a Roma. Pero el propósito no es militar, si no político, para atribuirse una victoria personal.

 

Pronto Cantabria tendría un gran valor estratégico, porque era el lugar ideal para hacer llegar hasta el mar el oro y la plata extraída de León y Asturias. El puerto de San Vicente era perfecto para el cabotaje que practicaban los romanos, con puertos en La Coruña y Burdeos. Después, los recursos mineros encontrados en Udías también fueron importantes para su itinerario de obtención de materias primas.

 

En el siglo III el Imperio Romano está en claro declive, y una de las consecuencias es que la información sobre el territorio de Cantabria desaparece; muchos piensan que no queda nadie en la región. Sin embargo, las incursiones piratas procedentes del norte dan prueba de que existen poblaciones y cierta riqueza que ambicionar en el territorio costero. Pero nada más se conoce de los siglos V y VI. Ninguna información, ninguna inscripción.

 

En el año 574 el rey Leovigildo ataca a los cántabros, pero de nuevo hay pocos datos. Sólo unas monedas en el desfiladero de la Hermida. Más tarde llega Santo Toribio, en el siglo VI, y se producen grandes movimientos en la zona. En 613 los cántabros son atacados de nuevo, por Segismundo, y se decide instaurar un ducado en Cantabria.

 

Una de las fechas más importantes es el año 722, con la expulsión de los bereberes tras la batalla de Covadonga, lo que origina la repoblación del territorio.

 

El rey Alfonso I El Católico, intensifica la repoblación y fortificación de lo que ahora es Cantabria, y se levantan castillos, uno de ellos probablemente San Vicente, anterior al actual del siglo XIII.

 

En el siglo IX los normandos son rechazados tras un intenso ataque, y San Vicente se fortifica por el norte hacia el mar, y por el sur hacia la Península. En ese mismo siglo, los cántabros atacan Lisboa, lo que da fe de la existencia de una Marina. Existen contactos con el exterior, y de ello queda reflejo en el arte bizantino y prerrománico, como la iglesia de Santa María en Lebeña.

 

La zona más poblada

 

Pedro Sarabia aseguró que Liébana y su entorno, como San Vicente, era la zona más poblada de la Península hacia el siglo X y en adelante, al ser el territorio más seguro y desde donde partió la Reconquista, porque Alfonso I «era cántabro».

 

Terminó su exposición lamentando la existencia de «grandes incógnitas en la historia, que sólo la arqueología podrá desvelar» y señaló que San Vicente tomo ese nombre hacia el siglo XII.

 

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