San Vicente de la Barquera

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San Vicente de la Barquera
28-05-2018

Actualidad

Casado Soto cuenta en Madrid la historia de San Vicente

Definió a los habitantes de la villa aforada como «marineros y guerreros valientes» que tejieron una red comercial de factorías en todas las costas medievales conocidas

El historiador José Luis Casado pronunció ayer una conferencia en la Casa de Cantabria de Madrid, con el título El San Vicente que surgió del Fuero, en la que explicó el cambio que supuso para los habitantes de la villa la concesión del Fuero por el rey Alfonso VIII, en 1210.

Casado fue presentado por el director de Casa Cantabria, Carlos Paniagua, y por el alcalde de San Vicente, Julián Vélez, que dio a conocer los actos que se están llevando a cabo por la celebración del 800 aniversario de la concesión del Fuero.

 

El historiador subrayó que el Fuero fue como el gordo de la lotería para toda la población, porque sus habitantes pasaron de ser vasallos y gentes sometidas a personas libres, motivadas por el rendimiento de su trabajo, lo cual ocasionó el desarrollo económico de la villa y la consolidación de su puerto como punto de referencia para el comercio medieval.

 

Definió a los barquereños como marinos y guerreros valientes que se jugaban la vida para conseguir el pescado que luego vendían o cambiaban por otros bienes con grandes beneficios, al tiempo que establecían factorías por lugares como Irlanda, Galicia, Andalucía, Francia o África. San Vicente tejió una red comercial muy importante, llegando a ser la zona más poblada de España en la época de la Reconquista, y construyendo un patrimonio monumental y artístico único antes impensable, fruto de la bonanza de su economía.

 

San Vicente se convirtió en el mejor puerto de la costa norte, donde se construían los barcos más marineros del momento, con los que se derrotó a la flota musulmana en el estrecho de Gibraltar y se conquistó Sevilla, en 1248, abriendo las rutas comerciales con el Mediterráneo.

 

Dos siglos y medio más tarde, San Vicente seguía siendo la élite europea en la construcción de barcos resistentes en las aguas oceánicas, y de sus astilleros salieron la mayoría de las embarcaciones que partían a las Indias Occidentales. De hecho, el segundo viaje de Colón (septiembre 1493) fue a la isla La Española, llevando a 2.000 hombres y mujeres de todos los oficios, para colonizar la nueva tierra. Partieron en 17 barcos, tres carabelas, dos naos y doce embarcaciones «venidas del norte» que eran las famosas chalupas de San Vicente, con mucha más capacidad de carga.

 

En las riberas del bronco océano que baña el perfil norteño de la Península Ibérica se desarrolló, a partir de la voluntad del rey Alfonso VIII de otorgar fueros a diversas villas portuarias del Mar Cantábrico y el arriesgado esfuerzo de sus vecinos, una dinámica actividad económica, tecnológica y urbana sin parangón hasta el presente. San Vicente de la Barquera fue parte primordial de aquel proceso que llevó al reino de Castilla al dominio de los mares europeos, gracias a lo aguerrido de sus hombres de mar y a los prototipos de barcos que lograron fabricar, los mejor capacitados para afrontar las olas y las tempestades de la navegación oceánica. Este hecho, no puesto de relieve hasta el presente, constituyó el factor tecnológico fundamental que había de permitir a la naciente España protagonizar a finales del siglo XV, en primera línea, la gran expansión geográfica europea renacentista, inaugurada con el descubrimiento de los Nuevos Mundos.

 

         La villa barquereña también ha acogido a lo largo de más de un milenio a los peregrinos europeos que durante todo ese tiempo han transitado por el más primitivo de los caminos a Santiago de Compostela, el que discurre junto a las costas del norte peninsular. Abundantes testimonios de aquellos romeros insisten en señalar a San Vicente de la Barquera como el fin de etapa más valorado entre todos, gracias a los dos magníficos puentes y a la extraordinaria dotación hospitalaria con que adornaron a la villa sus vecinos para beneficio de los transeúntes.

 

         Las libertades que otorgó el fuero a los habitantes de esta villa portuaria fueron la clave de bóveda que hizo posible la riqueza que había de permitir construir la magnífica iglesia gótica, el robusto castillo roquero, el cinturón de murallas con sus puertas fortificadas y el notable crecimiento urbano generado con los recursos procedentes de la brega de sus hombres con la mar.

Gracias a tan destacas experiencias, hoy en día goza San Vicente de uno de los conjuntos monumentales más notables y mejor conservados entre los existentes en todos los litorales del Cantábrico. Este factor, unido al espíritu emprendedor de sus vecinos y a su proverbial hospitalidad, constituye parte capital del bagaje con que cuenta la villa para la construcción de su futuro

 

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