San Vicente de la Barquera

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San Vicente de la Barquera
17-07-2018

Actualidad

Juan Baró disertó sobre el auge y declive de San Vicente desde la concesión del Fuero

El decano de la Facultad de Derecho, Juan Baró, aportó ayer nuevas luces sobre el significado y las consecuencias jurídicas, económicas y militares que originó el Fuero, otorgado en el año 1210 por el rey Alfonso VIII a la villa de San Vicente de la Barquera, en una conferencia que ofreció en el majestuoso escenario del convento de San Luis, de esta misma localidad.

 

Baró siguió en la línea histórica de relacionar la concesión del Fuero con el interés del rey de controlar los puertos del norte y crear una flota real, probablemente aconsejado por su esposa, Leonor de Inglaterra.

 

El Fuero representó una serie de concesiones fiscales y de adquisición de derechos tributarios sobre los pueblos vecinos, que impulsaron la economía local, a la vez que la Corona garantizaba la fidelidad de las villas aforadas: Santander, Castro Urdiales, Laredo y San Vicente de la Barquera.

 

Estas villas fueron las únicas en toda Cantabria que tuvieron murallas, lo que da a entender la importancia y capacidad económica de estos asentamientos. Juntas formarían la Hermandad de las Cuatro Villas de la Costa del Mar, que perduró hasta el siglo XVIII, dando lugar en 1778 a la actual Cantabria.

 

Otra de las razones que motivó al rey Alfonso VIII a otorgar un fuero a San Vicente fue su situación estratégica, ya que era el puerto más occidental de Castilla, que había anexionado Guipúzcoa y Vizcaya poco tiempo antes, a la vez que significaba la frontera con el Reino de Asturias.

 

De hecho, el Fuero de San Vicente se toma del de San Sebastián, añadiendo los capítulos específicos, como son los referentes a la delimitación de las fronteras de la villa, que sería esencial para cobrar los impuestos y administrar la justicia. El territorio concedido por el rey comprendía San Vicente, Tina Mayor y Tina menor, parte de El Tejo, Gerra y el valle, a lo que se añadía la parte salada de los ríos.

 

«¿Por qué se toma el Fuero de San Sebastián y no el de Santander?», se pregunta Baró. Probablemente el rey busca un texto que recopile el derecho marítimo, a la vez que delimita la jurisdicción marítima de San Vicente desde la desembocadura del río Deva hasta Punta Ballota (entre Suances y Santillana), donde comenzaba la jurisdicción de Santander.

 

Precisamente esta concesión de dominio marítimo ocasionó numerosos pleitos con la vecina Comillas, en lo relativo a la pesca y su comercio.

 

Vigencia del Fuero

 

Baró señaló que a partir del siglo XV «el poder real es absoluto», lo cual va progresivamente en detrimento de los fueros municipales.

 

El rey Alfonso XI dicta el Ordenamiento de Alcalá (1348), consistente en una conjunto de 58 leyes que definen tres estamentos de poder, situando en primer lugar los derechos del rey, después los municipales, y en tercer lugar las Partidas de Alfonso X El Sabio.

 

A partir de ahí, según los reyes aumentan su poder, los fueros pierden protagonismo. En esta ambigüedad de legislación local San Vicente redacta sus primeras ordenanzas municipales, hacia el siglo XVI.

 

Confirmaciones del Fuero

 

Sin embargo, Baró recuerda que puntualmente tuvieron lugar circunstancias especiales que motivaron la confirmación del Fuero por parte de la Corona.

 

A mediados del siglo XV los enfrentamientos entre los pescadores y el resto de la población por definir quién debía pagar los pechos (tributos) de la mar eran continuos, hasta el punto de tener implicados a la mayoría de los vecinos, resultando muertos algunos de ellos en las disputas.

 

La convivencia ciudadana estaba tan deteriorada que el Concejo envía a Gonzalo de la Mar a la Corte para exponer la delicada situación que vive San Vicente.

 

La consecuencia fue la confirmación de los contenidos del Fuero, la obligación de los pescadores de pagar los pechos, el respaldo real a la autonomía del Concejo municipal sobre la Cofradía de Pescadores, y un indulto para los vecinos presos por las refriegas. Esta decisión real restauró de nuevo la paz en la villa e impulsó la economía durante más de un siglo.

 

Esplendor de la villa

 

El aforamiento trajo riqueza, porque eximía del impuesto de portazgo (impuesto medieval similar al actual peaje) y fijaba normas para la paz de la villa, a la vez que motivaba a los vecinos a trabajar en beneficio propio.

 

Los momentos de mayor esplendor llegaron durante el siglo XV y, especialmente, en el XVI. La bonanza barquereña de esta época queda plasmada en los 4.850 habitantes de su censo, frente a los 3.336 habitantes que registraba Santander.

 

El desarrollo podría haber sido incluso mayor, ya que San Vicente tuvo una importante actividad marítima, «pero no mercantil», señala Baró, «debido al poco calado de su puerto». Ya en el siglo XVII, el cosmógrafo portugués Pedro Teixeira, escribe sobre el limitado fondo de la bahía y su peligrosa barra. Sin embargo, las peculiaridades de su puerto originaron el diseño de embarcaciones pequeñas muy marineras, que se utilizaron en la pesca y en la guerra naval, como las famosas chalupas de San Vicente.

 

El declive

 

En la villa barquereña se sucedieron numerosas tragedias que supusieron el decaimiento de su economía, llegando a tener consecuencias permanentes en el siglo XVII.

 

Los desastres de la flota real, como el sucedido en 1588 con la Armada Invencible, que significó para San Vicente la pérdida de 52 navíos y los más de 600 hombres que los tripulaban, originaron tiempos de decadencia, porque desaparecían sus marinos y pescadores, que en definitiva representaban el motor de su economía.

 

Por otra parte, los hombres de mar que no morían, llegaban enfermos, y con frecuencia propagaban epidemias, que disminuían aún más la población. A mediados del siglo XVIII el censo registraba sólo 1.100 habitantes.

 

En San Vicente se produjeron numerosos incendios, «más que en ningún otro lugar de Cantabria», señala Baró. La ciudad ardió en 1463, 1483, y también en el siglo XVI, sucediendo el más terrible de todos en el año 1636, con una gran pérdida de población y de actividad económica. La villa no se lograría recuperar de esta tragedia.

 

Conclusiones

 

El Fuero otorgó a San Vicente privilegios en el pago de tributos, así como la jurisdicción marítima sobre una gran parte de la costa de la futura Cantabria.

 

Se creó una flota comercial, además de la pesquera (ya se capturaban ballenas en siglo XII) que originó una extraordinaria riqueza en la villa, mediante la venta de la pesca en otros puertos, o su intercambio por grano, cueros, paños o armas.

 

El rey Alfonso VIII concedió estos privilegios para que la economía de la ciudad floreciera y así fuera capaz de construir notables defensas y navíos, a la vez que se constituía en reserva de marineros para las levas (reclutamiento obligatorio) de la Armada.

 

El poder absoluto de la monarquía, a partir del siglo XV, originó la pérdida de privilegios a las ciudades, según convenía a la política real. Sin embargo, en San Vicente, los privilegios del Fuero se confirmarían en varias ocasiones, alcanzando la villa su máximo esplendor en el siglo XVI, que se iría apagando en siglo siguiente a causa de los desastres militares, epidemias e incendios que padeció la ciudad

 

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