San Vicente de la Barquera

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San Vicente de la Barquera
22-05-2018

Actualidad

‘San Vicente: Una villa portuaria de fundación medieval’, por Jesús Ángel Solórzano

El profesor universitario subrayó la capacidad de progreso de San Vicente, pasando de una pequeña aldea de 100 vecinos a un puerto europeo atlántico con miles de habitantes

El castillo del Rey ha acogido la sexta conferencia sobre la historia medieval de San Vicente de la Barquera, dentro del ciclo que tiene lugar desde el mes de abril, con motivo del 800 aniversario de la concesión del Fuero a la villa en 1210 por el rey Alfonso VIII de Castilla.

 

Jesús Ángel Solórzano Telechea, profesor titular de Historia Medieval de la Universidad de Cantabria, expuso un resumen de sus investigaciones sobre el puerto de San Vicente de la Barquera, bajo el título Una villa portuaria de fundación medieval. Este profesor coordina la edición del libro sobre la historia de San Vicente de la Barquera que se dará a conocer dentro de muy pocas fechas.

 

La construcción del castillo del Rey tiene relación directa con la concesión del Fuero, al igual que otros edificios medievales donde se está desarrollando este ciclo de conferencias, como la iglesia de Santa María de los Ángeles o convento de San Luis.

 

Solórzano explicó que la expansión de la villa comenzó en el siglo XI, coincidiendo con el aumento de demografía y una mejor producción y desarrollo del comercio. Dentro de este contexto de crecimiento se detecta un incremento de los navíos que cruzan el Atlántico.

 

Los romanos se refieren a la villa como Portus Apleca, un lugar de escala para el tránsito de mercancías a través del mar y conectado con los valles del interior. En un principio debió de tratarse de un emplazamiento junto al puerto del Peral, habitado por un centenar de personas.

 

La decisión de otorgar el Fuero a la villa, probablemente se debe a la influencia de Leonor de Plantagenet sobre su esposo Alfonso VIII, ya que la reina inglesa conocía muy bien la ventaja de poseer una flota de guerra, y San Vicente era el puerto que conectaba Castilla con el mar.

 

El Fuero tenía el objetivo de favorecer el desarrollo económico y así posibilitar que la villa tuviera un buen puerto, astillero y castillo. Este florecimiento atraería a más moradores, que incrementarían la población, y dotarían al lugar con buenos carpinteros, herreros, canteros, marinos y hombres de guerra.

 

El aumento de los recursos locales se consiguió con la supresión de impuestos para los vecinos, que sólo debían pagar portazgo (impuesto medieval por el derecho de paso de mercancías) por el pan, el vino y la carne, quedando exentos recursos tan importantes para la economía local como la pesca o la sal.

 

El Fuero cumplió sus objetivos con rapidez, y la villa se convirtió en el puerto más importante de la costa occidental, llegando a tener más población que Santander.

 

La importancia estratégica de su puerto ocasionó sucesivas ventajas fiscales confirmadas por la Corona, y cuando la villa venía mermar su potencial recibía nuevas prebendas que fortalecieran su posición económica. Solórzano recuerda que en 1311 el Infante Don Pedro concedió una reducción del número de pecheros.

En ese tiempo la villa estaba protegida por una m

uralla, con cuatro puertas y varios portillos, y las torres defensivas del castillo y de la iglesia, situada en el centro de la acrópolis. Poco después de la concesión del Fuero se funda el hospital para leprosos más antiguo, en Abaño, en el año 1238.

 

En la calle principal tienen casa las familias de los principales linajes, como los Corro, Castro, Oreña, Caviedes, Vallines, Ferrera, Castillo, Gañón o Bravo.

 

Infraestructuras

 

Una de las principales preocupaciones era el disponer de aprovisionamiento de agua y buenas comunicaciones. Al ser uno de los puntos del Camino de Santiago la villa se preocupó de cuidar también sus accesos por tierra.

 

En 1453 se comenzó la construcción del puente de la Maza, lo que supuso un gran esfuerzo económico al Concejo, que fue auxiliado de nuevo por la Corona con 200.000 maravedíes. Este puente fue considerado como una de las obras más importantes de la ingeniería medieval y el más grande del reino con sus 32 arcos.

 

El puente del Peral, de 200 brazas, supuso un coste de 60.000 maravedíes, pero se consideraba una inversión muy rentable, porque junto con el de la Maza, unían el reino con Bayona (Francia).

 

Otra las infraestructuras que se construyeron fue el muelle de piedra de 50 brazas (84 metros), desde donde las mercancías se llevaban al castillo.

 

Los reyes de Castilla intentaron solucionar los problemas de abastecimiento de agua aportando cerca de 270.000 maravedíes para traer agua a la villa. Posteriormente, el Concejo envió un documento a Doña Juana solicitando arreglar las fuentes y los 850 caños (tuberías) de madera que traían el agua subterráneamente.

 

Clases sociales

 

El rango de ser vecino daba derecho a determinados ventajas, por encima de los que no lo eran.

 

San Vicente se consolidó con gran rapidez, llegando a registrar 10.000 en el año 1504. Se formó una oligarquía que decidía sobre el común, que estaba constituido por el grupo de vecinos que no tenía privilegios especiales.

 

También existía la población más deprimida socialmente, constituida por los pobres, adúlteros y marginados.

 

Orden social

 

Los alcaldes de San Vicente dictaron duras sentencias que garantizaran la convivencia vecinal y terminaran con la violencia verbal y física.

 

En cierta ocasión la María Oreña llamó a otra mujer «hija de vieja puta» y María Cosío insultó a otra vecina con los calificativos de «bellaca y matamaridos». Las penas impuestas por estas faltas consistían en pedir perdón a la ofendida delante de diez testigos.

 

Las peleas entre hombres acarreaban con frecuencia consecuencias fatídicas. Los castigos por delitos de sangre podían suponer la pena máxima. Así Solórzano recuerda la pena impuesta por el alcalde a un vecino que asestó a otro una cuchillada que estuvo a punto de acabar con su vida.

 

La condena a «muerte natural» consistía en atarle una piedra a la espalda y arrojarlo a un piélago (masa de agua) hasta que «muriera naturalmente». Esta pena, fue revocada por estancia superior a cortarle dos dedos de la mano derecha y un año de destierro. Finalmente, la clemencia consistió en clavarle la mano a un madero y exponerlo en la plaza pública durante seis horas.

 

Pleitos por derechos

 

El Concejo de San Vicente pidió a la Corona que el puerto de Comillas se cerrara y pleiteó con Llanes por derechos de pesca. El puerto comillano acogió a marinos de la villa barquereña cuando sufría alguno de los terribles incendios que asolaron la villa.

 

En 1502 San Vicente logró que los Reyes Católicos su hegemonía desde Llanes hasta Peña Castillo, lo que obligaba a que toda la pesca recogida en esta área de la costa debía ser vendida en San Vicente.

 

Rebelión de las Puertas

 

El sistema de Gobierno denominado Regimiento, formado sólo por los nobles, ocasionó diversa agitación social frente al mayoritario grupo de vecinos denominados comunes.

 

La reina Isabel envió en 1470 al corregidor Juan de las Casas para mediar y poner orden en estos conflictos, pero se encontró con las murallas cerradas, en los que se denominó la Rebelión de las Puertas.

 

En 1494 el representante de los comunes, Pedro Ruiz, protagonizó una rebelión popular, logrando que los cargos del Concejo sean electivos.

 

Se crea la Cofradía de Pescadores, la segunda más antigua de Cantabria, y también la Cofradía de Sardineros de San Andrés y la Cofradía de Sastres de San Bartolomé.

 

Solórzano concluyó su conferencia subrayando la capacidad de progreso de San Vicente, pasando de una pequeña aldea de 100 vecinos a un puerto europeo atlántico con miles de habitantes. 

 

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