San Vicente de la Barquera

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San Vicente de la Barquera
20-07-2018

Actualidad

Un ciudadano ejemplar

Fue una sorpresa. No sabía nada. Sólo sonrisas y siseos por los pasillos del Ayuntamiento. Pero no podía imaginar de qué se trataba. Quizá algún regalo… Una comida… Una despedida especial.

 

Agapito Díez se jubilaba después de 50 años de trabajo en equipo. Y a punto de iniciar otra vida, se encontraba aún en los últimos días de la que terminaba. Repasaba con la mirada su despacho. Las fotografías. Los cuadros que había traído de su casa para decorarlo, porque ese era casi su primer hogar.

 

Hace unos días se desveló el secreto. El alcalde le dijo «te vamos a dar una medalla —silencio—, la medalla de oro de la villa».

 

El acto de entrega fue mucho más corto que las horas de espera y nervios, pero fue quizá el más intenso de su vida. Los concejales le aplaudieron puestos en pie, en el salón de plenos, abarrotado de amigos y compañeros, algunos de ellos llegados desde lugares lejanos.

 

Todos siguieron de pie mientras él leía su carta de despedida, con el último recuerdo dedicado a sus padres. Allí estaba, en el centro de la palestra, el trabajador ejemplar que no había estado ni un solo día de baja. El que había mecanografiado cartas con tres dedos mientras se curaban sus manos quemadas por un incendio, o el mismo que acudió a su despacho con las piernas escayoladas, durante casi dos meses, tras un accidente de esquí.

 

La medalla era por ser un funcionario irrepetible, pero sobre era todo por ser él, «un hombre bueno en el buen sentido de la palabra», como escribió Machado en su Retrato. Agapito había dedicado sus conocimientos a ayudar a los demás. Atrás quedan miles de declaraciones de renta —rellenadas a mano durante años—, seguros, prórrogas militares o cualquier gestión burocrática que él pudiera resolver.

 

Su especialidad es el Catastro. En San Vicente hay once polígonos. Él conoce las 2.818 fincas rústicas que hay en ellos, y también a sus propietarios. El último día de trabajo sacó de detrás de un armario los viejos mapas. Extendidos sobre la mesa, marchitos y ajados, los repasó con el dedo, como si recorriera el plano de su casa.

 

Ahora tendrá más tiempo para escalar laderas nevadas y esquiar, y también para seguir ayudando.

 

La entrega de esta medalla será recordada como el ‘pleno de Agapito’, sin duda el más breve y emotivo de este corto siglo.

 

Todos abrazaron a Agapito en ese pleno. Después llegó el ritual de las fotos, la cena, los regalos, el baile, y la nostalgia.

 

 

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